Burning (2018)

No sé ni siquiera cómo empezar a escribir sobre esta película. La sigo reflexionando en su aspecto general y particular. El único pero que le veo es su duración. Creo que podría ser un poco más corta.
Para empezar, Lee es un personaje totalmente sumiso, lo poco que sabemos de él es que su mamá lo abandonó y su papá es una persona con problemas de temperamento. De hecho, en el momento donde ocurre la historia, está en la cárcel por aventarle una silla a un servidor público (desde aquí vemos una clara similitud o contraposición entre el personaje de Lee –sumiso– y su padre –explosivo–). Cuando se reencuentra con Shin, una amiga de la infancia que lo recuerda muy bien por decirle “fea”, es cuando su vida comienza a tener movimiento; pasa de lo sumiso a la sumisión. Esto se acentúa aún más cuando tienen relaciones sexuales y se nota que es la primera vez de él.
El primer elemento de misterio y de gran duda es “Caldera”, el gato de Shin que Lee cuida mientras ella se va a viajar por África. Cada vez que Lee va a su pequeñísimo cuarto para alimentarlo, nunca aparece, sin embargo el plato de comida está vacío y el arenero sucio.
Cuando Shin regresa de África, llega con un nuevo novio, Ben, y esto solo hace que Lee no solo se vuelva sumiso en su relación con Shin, sino ahora también con el nuevo chico. 

La película funciona en muchísimos niveles muy distintos. Primero que nada, todo el subtexto que maneja es increíble; desde el asesino serial hasta la crítica social (el rico que mata al pobre porque puede y nadie le va a decir nada). Es interesantísimo también ver un poco de la narrativa de Faulkner en la historia; toda esta nebulosa de misterios que nunca quedan claros y nunca quedan dichos de manera explícita, pero Lee es quien se da cuenta de todo y es en ese momento cuando se permite liberarse y ser como su padre, temperamental. 

Shin es una mujer solitaria, con problemas que se van revelando poco a poco. Desde sus razones aparentes para hacerse cirugía plástica, hasta el bailar en frente de dos hombres que están locos por ella, locos de manera muy distinta. Shin no solo es el conductor de los sentimientos de Lee, sino de los impulsos de Ben. Ella es quien hace que ambos saquen lo peor y lo mejor de cada uno. Acción tras acción, incluso después de su desaparición, dejan ver a una mujer solitaria, que busca el afecto de las personas que se sienten atraídas por ella.

El personaje de Ben es increíble; su departamento, su baño con la caja de maquillajes, su cajón lleno de pulseras de mujeres, su forma tan elegante de existir lo hace ser un personaje completo en su existencia. Los detalles son lo que revelan gran parte de él; su gusto por la marihuana y por las mujeres, pero sobre todo, sus bostezos en las reuniones de amigos; ese detalle es el que más habla de quién es Ben. La única ocasión en la que peca de soberbio es al hablar de los invernaderos con Lee. Él, dentro de su sumisión decide investigar, decide llevar la situación a las últimas consecuencias, por lo que al final es el personaje que, obviamente, más crece. Deja de ser un espectador en su vida para ser alguien que vive su vida. 

La fotografía es excelente. Encontré aquí uno de mis planos secuencia favoritos, que es cuando Shin baila en el ocaso (no es de sorprender que el director de fotografía es el mismo de Parasite: Hong Kyun-pyo). La música igualmente es justo la que la película necesita. No está de más decir, después de lo que escribí, que las tres actuaciones principales son únicas. Grandísimos actores. 

¿Dónde la vi? ¡Netflix!

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