The Truman Show (1998)

“Aceptamos la realidad del mundo que nos es presentada. Es así de sencillo.” Christof (Harris) es a momentos, Platón, y en otros, un tirano. Si nosotros tenemos un creador, ¿Será como Christof, un hombre sabio pero dictatorial en sus reglas? Muchas preguntas surgen y pocas respuestas son dadas a simple vista. Truman (Carrey) es un hombre que ha vivido viendo meras sombras y simulaciones de la vida real (aquí no se puede hacer más explícita la relación con Platón y la alegoría de la caverna). El momento cumbre de la película es cuando, mientras le hacen una entrevista a Christof, es atacado por Sylvia (McElhone) acerca de la prisión en la que tiene viviendo a Truman Burbank. “Yo le he dado la posibilidad de tener una vida normal aquí. Tu mundo, el de afuera, es el lugar que realmente está enfermo. Si él tuviera la determinación de saber la verdad, no habría manera de detenerlo”. Este diálogo surge a manera de premonición en la película. Al final, después de todos los obstáculos, Truman logra escapar de este lugar para “vivir” de a de veras (ya vivía, pero algo distinto, pues). Si algún día llegamos a conocer a nuestro creador –si es que lo hay– y sus reglas –si es que las tiene–, ¿Así se comportará, prepotente y condescendiente?

Los anuncios televisivos se empalman con los momentos en los que Truman se siente más vulnerable y por ende, es cuando el televidente pone más atención. Para ser un creador que le brinda un ambiente seguro a su creación, Christof es bastante egoísta con los sentimientos de Truman y la audiencia. Hay gente, que no sabemos sus nombres, pero sí de su adicción al show que está al aire las 24 horas durante todo el año. Cuando el protagonista duerme, ellos también. En una situación de peligro, ellos la viven como propia; la televisión, y el reality show, como nuestro modo de vida. Vivimos a través de las proyecciones, las sombras que nos son presentadas. Es así de sencillo. 

El final puede pasar desapercibido por su naturalidad, sin embargo, es probablemente el mejor momento de todo el largometraje. Dos policías, que son fanáticos del show, están viendo cómo el protagonista lucha contra todas las adversidades que se le están presentado. Cuando tiene la oportunidad de salir de este mundo imaginario creado para él, están en suspenso, incluso le piden a alguien de intendencia que deje las llaves en el mostrador; su atención está fijada completamente en el monitor. Cuando el personaje de Jim Carrey por fin decide salir al mundo exterior, todo se vuelve un gran festejo, ambos oficiales están contentísimos. De pronto, uno le dice al otro “Bueno, ¿Qué más hay a esta hora?” y su compañero le responde “Mmm… no sé. Déjame checar la guía”, y los créditos comienzan a correr. Esta situación funciona como una sinécdoque de los demás espectadores. Todos se emocionaron por el final de “Truman Show”, pero a los 5 minutos, buscaron con qué más divertirse, qué otras sombras o proyecciones de la vida real podrían encontrar ahí, en ese monitor, que pueda reemplazar el vacío que hay del otro lado. 

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